domingo, 2 de octubre de 2011

Mi asunción como rey.

Era un día común, como todos los demás, pero lo que sucedió, hizo que ese día cambiara radicalmente mi vida. Como si ese hecho la hubiera dividido en dos y todo comenzara de nuevo. Voy a contar lo que sucedió.
  Estaba con mis siete hermanos y mi padre Jesé Bethlemita en mi casa, cuando de pronto se apareció un muchacho de buen aspecto, era rubio y hermoso. Lo recibieron cordialmente y le preguntaron si su venida era de paz. Este dijo que sí, dijo que su venida era con el propósito de ofrecer sacrificios. Ese día me acuerdo que estaba pastoreando el ganado menor y en ese momento me llamaron y me dijeron que tenía que ir para sumarse sacrificio. Cuando entré, había un hombre llamado Samuel. Todo se desarrolló muy rápido, a continuación, ese hombre tomó un cuerno con óleo y me ungió como rey de Israel. Desde ese día me sentí distinto que antes, era otra persona. Me sentía distinto.
  Un tiempo más tarde vinieron hacía mí unos servidores de Saúl, el anterior rey de Israel, pidiéndome si podía ir con él ya que un mal espíritu había entrado en él. Yo fui con él y me quedé un largo tiempo acompañándolo, para tranquilizarlo cuando el mal espíritu le venía.

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